Logo y Lema
 
La cruz, enmarcada en el círculo de tonos amarillo y naranja, evoca, como está establecido en los elementos constitutivos de nuestro Plan Evangelizador de la Iglesia Particular –PEIP-, que la centralidad de él está en Cristo, «Sol que nace de lo alto» y la Santísima Trinidad. El círculo trasciende, además, a la eternidad divina, su omnipotencia y sabiduría infinita. A la vez, nos lleva a la contemplación de la Eucaristía, de la cual y hacia la cual tiende toda la vida de la Iglesia. Al dibujar estos elementos de una manera fresca y libre, reconocemos que en Cristo encontramos la clave de todo lo que tenemos que llevar a cabo, a quien hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida Trinitaria y transformar con Él la historia. Por lo tanto, en este tiempo de actualización y renovación, no se pretende cambiar el plan, porque la propuesta ya está hecha por el Señor, sino, como decía san Juan Pablo II, contar con un programa que formule las orientaciones pastorales adecuadas a las condiciones de cada comunidad para que, realmente, se pueda dinamizar la acción evangelizadora.

Las manos, resaltan el carácter de una Iglesia acogedora y cercana. Una Iglesia que es casa y escuela de comunión, de puertas abiertas, habitada por el Señor y animada por las relaciones fraternas entre sus miembros.

El pueblo de Dios, representado con la misma imagen del logo del Sínodo, resalta la realidad en la que se encuentra la Iglesia en este momento. Una Iglesia diversa; que camina junta hacia el gran ideal de ser una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión. Una Iglesia que reitera la urgencia de la fraternidad en el mundo y que anhela un auténtico encuentro con Jesús.





Debajo del título del Congreso, se encuentra la frase que será la insignia de todos: ¡Enviados en la esperanza! En este tiempo post pandémico, donde el cuerpo de Cristo ha sido tocado por todas las situaciones vividas, el Señor nos sigue llamando y enviando a dar esperanza. Sólo en Él y con Él podremos cultivarla en medio de tantos problemas y luchas.

Cristo resucitado nos guía y fortalece, nos asegura con su triunfo sobre la muerte que, si Él ha resucitado, nosotros también vamos a resucitar y triunfar. Necesitamos renovar nuestros ánimos y esperanzas, y con una fe profunda abrir las puertas de nuestra vida a Cristo. Nuestra felicidad y alegría es vivir y experimentar el amor que nos inspira la comunión y el amor que viven el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Nuestro gozo es conocer a Jesús, nuestra gracia es seguirlo y nuestra misión es transmitir esta experiencia: «Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo.» (DA 32)


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